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 La Fundación Salvador Soler, co-organiza el Campus Tecnológico del ICAI

DavidSolerDavid Soler Soneira nació en Cedeira (A Coruña) en 1968. Realizó sus estudios de Ingeniero Industrial en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI de la Universidad Pontificia Comillas. Tras un pequeño paso por la empresa privada en 1994 ingresó de profesor en el Departamento de Energía Eléctrica de la misma escuela hasta el año 2005. Durante ese periodo impartió clases de “máquinas eléctricas”, realizó la tesis doctoral y colaboró en diversos trabajos de investigación en el IIT.

En el año 2005 fundó INVESYDE S.L., empresa dedicada a la consultoría informática especializada en el sector eléctrico. Desde el año 2010 es Presidente y fundador de la FUNDACIÓN SALVADOR SOLER dedicada a la investigación y estudios en materia de coherencia de políticas y desarrollo así como a la ejecución de proyectos de cooperación internacional para el desarrollo. En el año 2012 funda la empresa PISTACHYDE dedicada al cultivo de Pistacho en Tembleque (Toledo) donde cuenta con una plantación de más de 15.000 árboles.

¿Qué te llevó a estudiar Ingeniería Industrial?

Desde pequeño tenía inquietudes por saber cómo funcionaban las cosas y por cacharrear mientras que se me hacían muy cuesta arriba las asignaturas de “letras”, por lo que fui encaminando mi formación secundaria hacia una carrera de ciencias. En COU me decidí por Ingeniería Industrial, al considerarla la ingeniería más generalista y que me permitía conocer y comprender muchos aspectos distintos de la ciencia.

¿Por qué elegiste Comillas-ICAI?

Pues por esas casualidades del destino, que te hacen pensar que las cosas ocurren por algo. Mi padre, Salvador Soler, nació en una familia humilde de Mislata (Valencia), y cuando era pequeño un jesuita debió de ver en él grandes capacidades, y le ayudó para conseguir una beca en el colegio de los Jesuitas San José de Valencia. Luego demostró esa valía durante los cursos y al acabar el bachillerato le ofrecieron venir a estudiar becado a Madrid, al ICAI. A partir de ese momento, tanto el ICAI como Comillas estuvieron muy presentes en mi entorno familiar, hasta el punto de que dos hermanos acabamos estudiando ICAI y otro más ICADE.

¿Qué recuerdas de tu paso por la Universidad?

Recuerdo los tres primeros años de mucho sacrificio, donde todo estaba en un segundo plano frente a los estudios. Entrábamos a las 8 de la mañana, salíamos a las 14:00 y toda la tarde estudiando sin descanso en la biblioteca. Todos los días. Era la única forma de conseguir pasar de curso pues el nivel de exigencia era muy alto. El segundo ciclo (de cuarto a sexto), fue bastante más relajado. Las asignaturas eran en su mayoría prácticas y el nivel de exigencia algo menor, lo que permitía disfrutar de otras cosas tanto dentro como fuera de la universidad. Recuerdo que a partir de cuarto coincidí en clase con dos primos hermanos (María del Mar Magallón Soneira e Ignacio Soneira García), lo que aumentaba la sensación de sentirse en familia teniendo en cuenta que éramos veintidós alumnos en clase. Nuevamente casualidades del destino, aunque en este caso con un poco de trampa porque un tío mío, Jesús Soneira Ingeniero del ICAI de la promoción del 64, presentó a dos de sus hermanas (una mi madre) a dos compañeros de clase (uno mi padre), y a partir de ahí, hijos de edades similares, todos con padres del ICAI…

¿Qué valoras de haber estudiado en la Universidad?

Desde el punto de vista académico, sin lugar a dudas, las bases que recibí en los primeros cursos, las cuales me han permitido posteriormente abordar problemas de muy diversa índole. Desde el aspecto humano, aprecio mucho a todos los compañeros que conocí, ya sea en mis años de estudiante como después como profesor, con los que se establecen unos lazos de confianza muy especiales, que pienso que son un hecho diferencial de nuestra universidad.

¿Conservas amistades de aquella época?

Podría decir que más del 50% de los amigos que tengo en la actualidad son gente que estuvo conmigo en la universidad, bien como compañeros de clase, como compañeros de docencia o como alumnos. Son muchas experiencias compartidas juntos que nos unen para toda la vida.

¿Cómo nace la Fundación Salvador Soler?

Mi padre, Salvador Soler, siempre tuvo gran inquietud por la justicia social. El nunca renegó de sus orígenes humildes y pienso que al haber vivido esas realidades sentía la necesidad de trabajar por un mundo más justo. En su etapa profesional estuvo muy comprometido en la lucha contra las causas estructurales de la pobreza y participó intensamente en diferentes acciones sociales y proyectos de cooperación al desarrollo para contribuir a paliar sus consecuencias. Un ejemplo de ello fue la intensa dedicación a la población chabolista del Pozo del Huevo y posteriormente en la Asociación Caminar, con el realojo de la población en el barrio de Moratalaz (Madrid). Cuando se jubiló amplió su compromiso social trabajando con distintas ONG, pero a los dos años un cáncer fulminante quebró ese camino. La fundación trata de continuar ese camino que él no pudo hacer.

¿A qué se dedica la Fundación Salvador Soler?

La fundación tiene como fin principal apoyar, asesorar e incidir en el ámbito político e intervenir decisivamente en otras esferas de poder para conseguir la construcción de políticas coherentes y efectivas de lucha contra la pobreza que contribuyan a hacer un mundo más justo y para ello, crea e implementa el CIECODE (Centro de Investigación y Estudios sobre Coherencia y Desarrollo). Y como fin complementario, la Cooperación Internacional para el Desarrollo en el marco del respeto a los derechos humanos a través de la realización de proyectos de cooperación para el desarrollo en Benín y Perú que permitan la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones beneficiarias y la contribución a la satisfacción de las necesidades humanas básicas, la reducción de la pobreza y el desarrollo humano sostenible.

¿Cómo surge la idea del Campamento Tecnológico del ICAI?

Irene Otero Novas, una antigua alumna de ICAI que vive en Londres me comentó que desde hace ya algunos años las universidades más prestigiosas del Reino Unido y de EE.UU habían abierto campus tecnológicos para jóvenes con el fin de desarrollar la inquietud científica. Ella me animó a que teníamos que hacer algo en ICAI, y nos pusimos manos a la obra. Así pues, el Campus Tecnológico del ICAI nació con el propósito fundamental “de "formar a los alumnos/as en valores que el sistema educativo actual no fomenta, con un modelo de campus que promueve el emprendimiento y la innovación en unas áreas esenciales para nuestro desarrollo social y económico". El Campus Tecnológico del ICAI es una excelente opción para que no aprendan a “crear por crear” sino para que interioricen que la ingeniería y la tecnología son las mejores herramientas para cambiar y mejorar el entorno y las condiciones de vida de las personas que más lo necesitan mediante un desarrollo social sostenible. El Campus Tecnológico del ICAI destinado a niños/as y jóvenes de 10 a 16 años cuenta con 5 grandes áreas creativas: la robótica, la programación, la ingeniería, la biotecnología y multimedia, pasando de 463 alumnos en su primera edición a 1263 alumnos en su tercera.

¿Qué te ha aportado la universidad en tu desarrollo profesional?

Como comenté anteriormente, la universidad me aportó mucho en mi formación, y tanto o más en el mundo de las relaciones personales/profesionales. Cuando abandoné la docencia y comencé mi etapa empresarial se me abrieron muchas puertas por el hecho de haber estudiado en la universidad (y todo lo que ello implicaba). Creo sinceramente que tenemos una sensación de pertenencia de grupo que es un valor muy importante que necesariamente tenemos que cuidar.

¿Crees que es importante seguir manteniendo el vínculo con la universidad aunque hayas terminado tus estudios hace años? ¿Por qué?

Creo que es muy importante. Siempre surgen nuevas oportunidades, desde una charla, un curso, un contacto, aspectos que pueden llegar a ser muy importantes en el desarrollo profesional y personal.

¿Has vuelto por la Universidad? ¿Qué encuentras cuando regresas?

Realmente nunca me he ido de la Universidad. Al acabar los estudios me quedé de profesor durante 12 años, y luego siempre mantuve alguna actividad docente, y mucha actividad personal pues en la universidad tengo muchos y muy buenos amigos. Ello no es óbice para poder apreciar la transformación que ha sufrido la universidad en estos años, cambios sobre todo en lo relativo a la formación internacional y la profesionalización de la actividad docente.

¿Qué consejo le darías a otro #YoSoyComillasAlumni que quiera poner en marcha un nuevo proyecto?

Se me ocurren varias cosas. En primer lugar que hay que arriesgar, pues parte de las fuerzas de emprender salen de jugarse mucho en la tarea. En segundo lugar, que prioricemos nuestro trabajo y nos centremos en las cosas importantes. Y por último, debemos de pensar en un proyecto que realmente nos apasione, pues vamos a dedicarle una parte importante de nuestra vida. Y si se fracasa pues se emprende otro, y si se obtiene éxito…..se emprende otro también. Que a fin de cuentas la felicidad está en el camino.

*Foto cedida por David Soler Soneira con su hijo en la inauguración de la Fundación Salvador Soler